Luis Felipe Rodríguez, una introducción

Luis Felipe Rodríguez, una introducción
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Luis Felipe Rodríguez es, en su época, la figura más importante de la narrativa cubana y la que más influye en los que le siguen. 

Entre las varias opciones que se ofrecen a la creación literaria —política, estilística, experimental, o la combinación de unas y otras-- Luis Felipe optó decididamente como suprema razón de ser escritor, por la política, que equivale a decir: crítica social, rebeldía, denuncia, cubanía combativa. No se entienda por eso que se despreocupa de aquellos aspectos que dan a la literatura categoría artística, pero pensaba, como Antonio Machado, que su primer deber era escribir para el pueblo, extraer del pueblo sus temas, sus personajes, sus alegrías y sus penas, sus esperanzas y su lenguaje. Esto explica que la médula de sus narraciones sean los problemas del pueblo. No del pueblo en general, sin embargo, sino del que nace, vive y muere marcado por la "ley de Ja tierra", hijo genuino de nuestro sol, de nuestro paisaje luminoso y verde; el pueblo campesino, en el que un día vino al mundo el propio Luis Felipe y con el que, andando los años, compartió trabajos y miseria. 

De más está decir, por tanto, que el más sobresaliente y valioso rasgo de Luis Felipe, el que lo sitúa a la cabeza de los narradores de, su tiempo, lo hace perdurable y lo revitaliza hoy como un ejemplo, es su actitud, su posición como escritor. 

Porque, sin duda, para Luis Felipe la actividad literaria tenía un sentido beligerante, era un instrumento de servicio, un arma. Toda su obra no refleja otra cosa. De ahí su vigencia. De ahí que sus cuentos y novelas, en sus objetivos esenciales, pueden resistir airosamente la prueba estimativa que nuestro actual proceso revolucionario plantea y reclama, y que se resume en estas palabras de Castro:
 
Para nosotros, un pueblo revolucionario en un proceso revolucionario, valoramos las creaciones culturales y artísticas en función de la utilidad para el pueblo, en función de lo que aporten al hombre, en función de lo que aportará a la reivindicación del hombre, a la liberación del hombre, a la felicidad del hombre. Nuestra valoración es política. No puede haber valor estético sin contenido humano. 

Cuando Luis Felipe escribe La conjura de la Ciénaga, hace constar su aspiración de que sea "una novela cubana que refleje, por encima de todo, lo nuestro, en lo que tiene de más puro y vital.